jueves, 22 de marzo de 2012

Capítulo 2.1 Amor de CCH.

Segunda Parte.
Adolescencia.
Capítulo 2.1
Amor de CCH.
 La vida después de la muerte comenzó como a las seis de la mañana. Una noche espantosa; todos los sueños me llevaban a lo mismo: que despertaba... Todo el camino del pesero me la pasé pensando en ti. Imaginaba que ya andaba contigo, que te besaba en tiempos infinitos. Que los caminos de tu pelo conducían a mis manos por todas sus rutas y que el abismo de tus ojos tragaba mi figura entre beso y beso: parpadeando.
Cuando llegué a la escuela me di cuenta de que estaba despertando y prendí el primer cigarro del día para salir completamente del sueño.
-Te amo. Completamente te amo y tu ni enterada de que eres lo mas importante en mi vida. De que sueño contigo y me supero cada día para merecer tu amor...
Paso caminando delante de ti y te observo todo el tiempo posible andando lentamente y deteniéndome un instante para ver tu figura a través de las plantas...
Sigo mi camino, y de mi cara no puedo quitar la sonrisa idiota y la mirada al vacío. Acabo de fumar el cigarro y entre humo y humo irremediablemente vuelvo a imaginarte: ahí en la bardita. Sentada, hermosa: te amo...
Entro a la clase, que ya ha comenzado y mirando al maestro sin ponerle atención me doy cuenta de que mi corazón palpita mas rápido de lo normal. Caigo en el punto de que el día de hoy tuve la suerte de verte desde temprano y me explico el motivo de tanta felicidad...
La sonrisa idiota se me borra de la cara al encontrarse de frente con la mirada de Nancy. Acentúo la sonrisa y muevo la cabeza en señal de saludo. Ella me contesta con una mirada intensa que después baja y no vuelve a pelarme. Me desconcierta como siempre, pero inmediatamente me olvido para concentrarme en la clase.
Con el maestro de historia tenemos que participar acerca de un capítulo del libro La revolución interrumpida de Adolfo Gilly  que había leído el día anterior antes de dormirme (durmiéndome). Los compañeros hablan, explicando un cachitito del capítulo leído en el pesero antes de venir a la escuela  (los que primero participan), o ahí mismo, en la clase le piden el libro al compañero, leen dos páginas y dicen cualquier babosada.
El maestro pregunta que quienes fueron los primeros en levantarse en armas al llamado de Madero, al inicio de la Revolución Mexicana. Yo hago memoria para recordar quienes fueron e inintencionadamente digo en vos alta:
-Los hermanos...-  no recuerdo lo que sigue. El maestro me inquieta a que escupa el resto y todas las caras que percibo tienen puesta la mirada en mi balbuceo. Intento recordar, pero mis dos neuronas no se ponen de acuerdo y me quedo callado.
-...Aquiles Serdán- dice el maestro.
-...Flores Magón- recordé yo. Me sorprendí de que el maestro se equivocara. Al final de la clase el maestro me preguntó mi nombre para apuntarme mi media participación.
Salí del salón cotorreando con mi cuate el Jorge acerca de los Rolling Stones y su disco “Tatto you” que era el único que yo tenía y que casi no escuchaba. Noté que Jorge traía los ojos un poco cerrados y que como que se manejaba en otro tiempo, en otra orbita u otra señal. Casi no ponía atención a lo que yo le decía. Me comentó que se acababa de fumar un cigarro de marihuana. Mi estomago recibió su dosis de adrenalina. Yo nunca la había probado, pero a veces había pensado que me gustaría ser marihuano.  Nomás por la cara que ponían las señoras al pronunciar ese término. Yo quería ser chico malo. Para nada me gustaba ser niño bueno. De una cosa estaba seguro: No me gustaba este sistema. De pobres, de ricos. Cualquier cosa que estuviera, aunque solo fuera aparentemente, contra él, me resultaba atractiva.
Le pedí a Jorge que me acompañara a comprar unos tabacos y en el camino te busqué en la bardita en la que te vi en la mañana... no estabas. Sigo platicando acerca de la música que me gusta escuchar: que Silvio Rodríguez, el Tri y el Pablo Milanesas. Él es rocanrolero de corazón y tan solo acepta mis gustos por Los Beatles y Los Rolling Stones. El Tri no le late mucho, y el Silvio Rodríguez tiene dos que tres.
Afuerita del CCH nos encontramos con Diana y con Nancy. Nancy me pide un cigarro y se lo ofrezco. Me busco el encendedor pero no lo encuentro. Jorge se lo prende, me pide uno y también prende el mío. Platicamos con las chavas acerca de las clases, y nos informan que no habrá de Biología. Que la maestra avisó y que no vendría. Nosotros, por haber faltado, no lo sabíamos.
Jorge se las “cotorreaba”, como quien dice:
-Oigan lindas, ¿No les gustaría ir con nosotros a dar una vuelta? Podemos ir al fajusco, aquí tras lomita. Traigo mi nave.- A las chavas les brillaron los ojitos cuando dijo la palabra clave: su nave...
Yo me reía nerviosamente. –Si, vamos.- Dije sin pensarlo.
Nancy me preguntó con una vocecita: -¿Si vas a ir?
Yo, no le supe que contestar:
-....
Echamos a andar. Al ir hacia el coche Nancy caminaba junto a mi, intentando agradarme. Yo me sentía muy incómodo. No sabía que decirle. Nunca había tenido una buena experiencia sexual y Nancy no me gustaba para la primera vez. En las caballerizas te apareciste. No se por que, pero la pinche Nancy se agarró de mi brazo. Y tu, volteaste a verme. Me sentía morir con esa vieja agarrandome. Ni te quería ver. Sin querer lo hice. Te vi a los ojos. Sentí un rayo fulminándome. Me perdí un momento en ese azul infinito... abismal...
En lo que nos daban el refresco nos paramos junto a ti. Me sentía tan incómodo. Creo que fue la vez que mas cerca te he tenido. Y tu,  hasta notabas mi presencia. Percibía tus vibras. Y esa vieja que no me soltaba. Hasta cierto punto me sentí un poco bien de que vieras que no estaba yo tan abandonado y de que, por fin, me voltearas a ver. Compramos unos refrescos. Hacía mucho, demasiado calor...
 Cuando nos alejamos hacia el coche voltee para ver si todavía me veías. Te miré dándole un gran abrazo a otro cabrón. Me sentí mal. Me recargué en Nancy. Ella se aprovechó y me tomó de la cintura. Me sentí tan mal. Subimos al auto.
Voy en el asiento de atrás con Nancy. Yo haciéndome el distraído y ella preguntándome que como me gustan las mujeres. Inmediatamente se apareció en mi mente la imagen de tu figura.
-....-
Voltee a buscarte. No te encontré. Íbamos camino a la carretera del Ajusco. Me sentía muy incómodo con Nancy junto a mi. No sabía que decirle, ni que hacer. Lo bueno que Jorge puso el stereo a todo volumen. Si era un poco molesto, pero era mejor que cualquier cosa. Las únicas palabras  que le quise decir no las entendió y viceversa.
Jorge si podía platicar un poco mas con Diana por que no tenían las bocinas pegadas a los oídos, pero su tema no pasó de los discos de Queen, que era la música que escuchábamos. Yo iba viendo por la ventana y a veces, miraba de reojo a Nancy. Ella, también, parecía incómoda.
Llegamos a nuestro destino. Entramos en un paraje cuyo letrero de madera en la carretera decía “Valle Encantado”. Jorge estacionó la nave y nos bajamos. Encargamos el coche con un “Don” y nos negamos a comer con una “Doña”. Nos adentramos en el valle hasta donde no se veían mas personas que nosotros. Nancy y yo, siguiendo a Jorge y a Diana. De repente, el la tomó de la mano. Y, como no queriendo, Nancy me la agarró a mi...
No me sentí tan incómodo. Todos, íbamos siguiendo a Jorge. Caminamos hasta que él se paró entre dos árboles y volteó para todos lados. Los demás nos miramos a la cara. Jorge se acomodó en la raíz de un árbol y Diana se sentó junto a el. Yo me quedé parado. Nancy se sentó junto a mi. Se hizo un silencio incómodo. Me sentía raro. Yo estaba ahí completamente por que me había sucedido, no por que yo hubiera puesto algo de mi parte para que esto ocurriera. Me dejaba llevar, por la mano de Dios, sin hacer uso de mi libre albedrío. Estaba expectante, esperando a ver ahora que  “pasaría”. Pensaba que la honda era fajar con estas viejas y eso me ponía, todavía, más nervioso.
De pronto Jorge sacó de la bolsa de su camisa un cigarro más gordo de lo normal y dijo:
-¿No quieren quemar patas de araña?- Sacó el encendedor y prendió el toque. Al principio no sabía yo bien lo que estaba haciendo. Fumaba y aguantaba el aire en los pulmones. Olía raro. Yo, lo veía extrañado hasta que me hizo la aclaración:
-Es marihuana.
Me sentí más alterado. Al principio pensé que dejaríamos al vicioso solitario que consumiera su droga, pero le pasó el churro a Diana, quien también le fumó. Yo, me puse más nervioso. No sabría que hacer en el dado caso de que me lo pasaran. Algunas veces había pensado que si me gustaría probarla. Otras, que no. Me encontraba en el dilema de un tabú familiar y social: “Si te ofrecen Droga, no le entres mi hijito”. “Di no a las Drogas”.
Diana terminó de fumar y le pasó la droga a Nancy. Ella ya la había probado. Una vez, con Diana:
-Acuérdate guey, andábamos bien pedas en mi casa y sacaste un churro de tu cajita. Le fumamos y nos quedamos bien jetonas. 
-La neta ya no me acuerdo. Pero si quieres fúmale otra vez para que veas como te pone así, en tus cinco.
-Bueno- Agarro la droga. Se me quedó viendo, con una mirada que no entendí  bien. ¿Buscaba mi aprobación o me incitaba a fumar también? Siguió las instrucciones de Jorge, mirándome de reojo:
-Aguanta bien el tanque. No eches el humo luego luego. El chiste es que se te quede en los pulmones.
 Nancy obedecía lo mejor que podía, hasta que soltó el humo junto con una tos prolongada. Me pasó el cigarro a mí. Las manos me temblaban. Tuve el son entre mis dedos y no pude inventar una buena excusa. Seguí las indicaciones de Jorge...
 Esperé los efectos de la droga y los percibí cuando ya pensaba que no iba a sentir nada. Una pulsación extraña. Como que todo palpitaba. Escuchaba la voz de Jorge como si proviniera de atrás de mí. Nancy echó a reír y nos contagió a los demás. Me daba risa de cómo me sentía.
 Jorge solo esbozaba una sonrisa, observándonos, como el experto que mira a los principiantes. Hasta que, en un momento, se puso serio mirando un punto en el horizonte. Volteé a ver que era lo que lo puso así y vi a dos caballos con sus respectivos jinetes, que se acercaban. Al principio hasta me dio mas risa. Jorge se ponía nervioso y nos pedía que nos calmáramos:
-¿Qué?
-Cálmense. Viene la policía.
-¿Quién? ¿La policía? Ja, ja, ja.
De pronto, ya estaban los dos uniformados junto a nosotros.
-Si oficiales, buenas tardes. ¿Qué se les ofrece?- preguntó Jorge con tono nervioso.
-Pues aquí mi pareja y yo estamos inspeccionando y venimos a ver si ustedes no están consumiendo drogas o algo por el estilo. Nos llegó un olor hasta allá donde nos encontrábamos y venimos con ustedes, para verificar.
- No oficial, que aquí no hemos fumado nada... Si es que un cigarro hace rato.- Contestó Jorge. A los demás, se nos había borrado la sonrisa idiota y yo, por lo menos, estaba muy nervioso.
-Pues tendremos que proceder a una revisión de rutina. A ver pareja, chécame a esta parejita y yo lo haré con la otra.
Las manos me sudaban. El policía que le tocó revisarnos me indico:
-A ver joven, sópleme.
Yo obedecí.
-Puaj... Pareja, este cabrón huele a pura mota.
-No me digas. A ver.- Olió las manos de Diana.
-Si. Jóvenes, nos vamos a ver en la necesidad de remitirlos a la delegación.
-Oigan, pero ¿Por qué?- reaccioné lentamente.
-¿Cómo que por que? Si andan bien marihuanos.
-Eso no es cierto.- Contestó Jorge. –Además, no tienen ninguna prueba.
-Ah, ¿Quieres que busquemos la prueba? Esta bien. Pareja, rastrea la zona en lo que yo  los cateo. Y si no la encontramos de todas formas nos los llevamos para que les hagan el antidoping.
Vi como Jorge pisaba la bacha que había sobrado. Nos revisó uno en lo que el otro buscaba por ahí. Primero se fue sobre de mi.
-Saca todo lo que traigas...- obedecí: saqué las llaves, la cartera, el encendedor, los cigarros...
- Mira pareja, este fuma Delicados. Y luego dice que no es marihuano...
Revisó a Jorge:
-Uy, aquí trae las sabanas... Prueba número uno pareja...-  Siguió buscando en el cuerpo de Jorge. No encontró mas, por suerte.
-Bueno chavos, con eso es suficiente. Pareja ¿Encontraste algo?
-Negativo.
-No importa. Con las sábanas y el antidoping  es suficiente. Chavos, acompáñenos.
-No oiga, no sea así. No estábamos haciendo algo muy malo tampoco.- Intervino Diana.
-¿Y para que nos esperamos a que lo hagan? ¿qué señorita? ¿Quería que los lleváramos por faltas a la moral o algo por el estilo?
-Nomás no se mande.- Intervino Jorge.
-No se manden ustedes y obedezcan. Vamonos.
-Oigan, y ¿no nos podríamos arreglar de alguna manera?
-Pues ustedes mandan.
-Yo traigo 20 mil pesos.- dije.
-Y yo 10 mil.- Dijo Nancy.
-Yo me completo con 15.- Dijo Jorge.
-Yo solo podría poner 5 mil.- Dijo Diana.
-Pues sumamos 50 mil pesos.- Les dijo Jorge.
-¿Cómo ves pareja?
-No, como creen. Por andar de Marihuanos la multa es de 200 mil  para cada uno. Vámonos ya. Pareja, llámale ya al comandante que nos mande la unidad.
-No, oigan, denos chance. Yo les paso mi reloj.
-A verlo.
Les entregué mi Swatch Swiss que me había regalado mi papá.
-Ándale, este si es de los chidos. Ándale pareja, ya dales chance. Este reloj esta bueno.
-Sale, esta bien chavos. Les voy a dar chance solo porque le gustó el reloj aquí a mi pareja. Pero a mi tendrán que darme los 50 mil  varos*.
Nadie les respondió. A todos se nos quedó en la lengua una mentada. Les dimos también el dinero. Ya para despedirse nos dijeron:
-Llévensela suave chavos. Y para la otra frótense una hojita en las manos y échense gotas en los ojos para que tengan menos problemas.
-Si. Muchas gracias oficiales.- Todavía les dijo Jorge.
Nos quedamos todos con un aire de impotencia. Yo me sentía robado, ultrajado. Vi alejarse mi reloj, en manos de esos corruptos. Nos sentamos en la hierba. Sentía en todo mi cuerpo una gran descarga de adrenalina. Que, poco a poco, se me acumulaba en la panza. Y mas abajo.
No se como estuvo pero de repente Jorge y Diana ya no estaban junto a nosotros. Se habían alejado hacia otra colina. Desde nuestra perspectiva no se veían. Me sentí un poco incómodo con Nancy a solas. Miré al cielo. Me acordé de ti: La güerita de los ojos azules. La que eres mi anhelo de cada día. Con la que me despierto y me duermo en mi pensamiento... Desprecié un poco a mi acompañante.
Sin embargo la situación era idónea. Ella y yo. En el Ajusco. Solos. Con los otros fajando. Nos llegaron unos ruidos raros de la otra colina. Y yo, no sabia que hacer. Me puse nervioso. Aventé, todavía, mas adrenalina. Estaba ahí, mirando al cielo, a  punto de arruinarlo todo cuando miré a Nancy. No se que le había pasado pero se veía bonita. Después de todo. No me había fijado, pero en su camisa se formaba un ligero escote. Suficiente para ponerme, aquello que les platiqué, palpitante.
Me le acerqué lentamente, le besé el cuello. Olí su pelo. Me perdí en ella. Me olvidé de la güerita con la que empieza esta historia... perdón, me olvidé de ti.
Pegué mis labios a los de Nancy. Miré su escote. Le desabroché otro botón a su camisa. Metí mi mano, sentí su brasier. Tomé un respiro. De pronto, me acordé de ella, es decir de ti... Cerré los ojos.  Imaginé que estaba contigo. Los abrí. Vi a Nancy. Me resigné a mi realidad.
Saqué la mano, desabroché otros botones. Quería verle las chichis, sentirle las Chichis, chuparle las chichis. Ella sintió mis intenciones y opuso resistencia. Pero yo quería. Le retiré la mano. Ella llegó a un acuerdo tácito: se cubrió con la chamarra mientras yo, no veía, pero como me agasajaba. Nunca había estado así con una mujer. Bueno, solo con mi madre... No era muy experto pero me encantó la cosa. Pasé mi lengua por su pezón. Sentí que la tierra se movía. Respiré profundo, sentí que me venía. No se si lo hice...
Jorge nos interrumpió con un gritillo cómplice. Nos dijo que los policías ahí venían otra vez. Nancy se abotonó rápidamente. Me asomé a ver. Efectivamente. Parecía que se acercaban a lo lejos. Les menté la madre, descargando todo mi odio que no les expresé hace rato. Mis amigos se sorprendieron. Echamos a correr al auto.
Sofocando mis pulmones miré al cielo y descubrí tu figura pintada entre nubes. Me paré en seco. Eran tus ojos, azules como la inmensidad, los que me miraban. No me sentí avergonzado. Miré a Nancy, quien me esperaba recargada en el coche. Recordé a los tiras. Corrí a ella. Le di un pequeño beso y subimos a la nave. Seguí pensando que me veías. Pensé en ya no cometer  mas adulterio con tu recuerdo. Jorge puso a Queen a todo volumen.
Quise no pelar a Nancy, mirando al cielo. Ella tomo mi mano. La voltee a ver. Oh no. Otra vez esa sonrisa. La seguí besando. Jorge quiso fumar, otra vez, marihuana. Las chavas se opusieron rotundamente. Yo me sentía todavía algo mareado, lo que se me recrudeció cuando Jorge tocó el tema. Pero ya no sabía si era por la droga o por el sexo. No me opuse abiertamente a que Jorge se drogara otra vez, por no parecer maricón, pero en el fondo era de la opinión de las chavas.
 Me aventé el resto del camino de la mano de Nancy. No dijimos nada. Tan solo escuchábamos la música. No fue incómodo. Me despedí de ella en el parque Álvaro Obregón, donde se bajó con Diana. Le di un pequeño beso en la boca y prometí verla en la clase de mañana.
El auto continuó por entre el arrollo citadino. Yo, solo pensaba en Nancy. La música seguía a todo volumen. No supe a que horas, pero Jorge prendió otro gallo. Me enteré cuando me lo pasó y recordé el olor de hace rato. Le fumé tres veces, solo por no verme descortés (o maricón). Me bajé en Barranca del muerto, aunque Jorge no quería que lo hiciera. Abrí la puerta y se despidió una humareda. Jorge cerró y se arrancó rápidamente. Lo vi alejarse con el coche lleno de humo.
Caminé hasta mi casa, sintiéndome cada vez con mas hambre. La noche comenzaba a ser obscura y por mi cabeza pasaron todas las cosas que me habían sucedido en el día. Pensé en Nancy, pensé en Nancy, pensé en Nancy. Pinche Nancy...
Llegué a mi cantón como a las 7:30. Le inventé a mi jefa que había tenido que  hacer un trabajo. Me aboracé sobre el refri y comí de  todo lo que había. Despedí a mi mama dándole las buenas noches y me encerré en mi cuarto. Encontré el disco de Tatto you y lo puse a sonar en el stereo. Me recosté en la cama y realizando figuras en el techo irremediablemente pensé en ti... Nancy. Pinche Nancy.
La muerte después de la vida comenzó como a las 10 de la noche. Los Rolling Stones se repitieron hasta el cansancio...



*La historia sucede antes de los nuevos pesos. Cuando todos éramos millonarios.